martes, 22 de septiembre de 2009

La madre que vende churros.

Desde que llegué a Ayacucho lo que más me ha costado asimilar es ver tantos niños indefensos en las calles, algunos trabajando y otros acompañando a sus madres mientras trabajan. Alguién me puede decir cómo se puede caminar por las calles viendo esta realidad y no maldecir a la humanidad. Los niños de aquí siempre tienen una sonrisa en la cara, se divierten con cualquier cosa y siempre están junto a su madre sin protestar, miestras ésta trabaja unas 15 horas vendiendo palomitas o golosinas, para sacar al día, si es que tiene buena jornada, unos 10 soles. Esta situación tan triste contrasta con los pañuelos tan coloridos que utilizan las mujeres para colgar a sus niños. Las madres hacen vida ese dicho de "cuando la vida te de palos de ciego, la respuesta más elocuente es responderle con golpes de vidente". Admiro la fortaleza de las mujeres de Ayacucho, por mucho que trabajen siempre te atienden con una sonrisa y con mucha educación, es admirable la forma en la que te tratan, con mucho respeto y como si fueras la única persona en el mundo.
Haciendo referencia al título de la entrada, hay una chica que todos los días de la semana se coloca con su carrito en la esquina de la calle, desde las 4 de la tarde hace churros con su niño colgando en la espalda. Se preguntarám por qué pongo esto, sólo es un ejemplo que me hace recordar cada día de lo afortunado que soy y de lo mediocre que puede ser la humanidad. En esta orilla la vida es más simple, lo importante es vivir. Ojalá que sepamos sonreirle a la vida hasta en los momentos malos